Lo último que veo es el filo.
Un breve brillo, seguido de... nada. La más absoluta oscuridad.
Sé que mis ojos están abiertos. No siento, bajo mi labio superior, el familiar contacto con mi labio inferior y sé que mi boca también está abierta. Me ahogo, puedo pensar en el acto de respirar, pero sé que no es posible introducir aire en mis pulmones, caigo en cuenta que no hay pulmones, no hay tórax, no hay nada.
He escuchado de gente que queda inconsciente por shock. ¿Por qué yo no puedo entrar en shock?
Deseo fervientemente que mi cerebro se apague más rápido. Siento las lágrimas en mis ojos. Sé que voy a morir o estoy muerta o en un terrible intermedio. Se que esa certeza me aceleraría el corazón, si lo tuviera.
Mierda.
¿Por qué tarda tanto?
Habrá pasado uno o dos segundos desde que vi el filo, pero parece una eternidad. No me duele, pero me ahogo, cada vez más. Tengo la necesidad de respirar, es urgente. Me asfixio. Me desespero. No puedo hacer nada.
Muero.
Abro los ojos en la suavidad de mi cama. Mi almohada, empapada en lágrimas me cubre la boca y la nariz, ya que me acoste con la cara hacia abajo, aplastada contra ella.
Tomo una gran bocanada de aire... no hay suficiente. Vuelvo a inspirar una y otra vez, hasta que mi ritmo cardíaco se normaliza.
Fue un sueño. Un sueño horrible.
Necesito agua, así que me incorporo y abro los ojos completamente.
Un rayo de luna se filtra por la ventana y le da a mi cuarto oscuro una leve penumbra.
Me siento en la cama y enfoco bien.
Lo primero que veo, es el filo.
Fin
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