Los bostezos me indican que ya quiero dormir. Mi cuarto fresco, mi cama con sábanas suaves, colchón perfecto y almohadas esponjosas. Un último bostezo y cierro mis ojos, esperando caer en los brazos del Arenero o la reina Mab.
Entonces llega ÉL.
Llega con su plática inicialmente tranquila.
Lo dejo hablar, con la esperanza de que agote el tema y me deje en paz, pero eso no está en sus planes. Mientras pasa el tiempo, salta de un tema a otro, cada vez más inconexos. Se convierte en una perorata constante, en una radio mal sintonizada. "Callate", pienso. "Ya callate, me quiero despertar temprano".
Pero se entusiasma más, hablando de las razones para despertarme temprano y de los planes que tengo para el día siguiente. Pasan las horas y sigue hablando.
Me levanto al baño y a beber agua. En ese breve instante, no escucho su plática intensa, pero al volver a la cama ahí está, casi sonriente, esperándome. Siempre ÉL.
¡Ya sé! Voy a leer algo, a ver si así se da cuenta que no quiero escucharlo, pero mis ojos están cansados y quieren dormir, no leer.
Otra idea me asalta: ¡música! si pongo música para dormir tal vez se calle. Encuentro una, que promete hacerte dormir en segundos. ¡Perfecto!
Si promete hacerme dormir en segundos, ¿por qué dura 3 horas el video? Se pregunta ÉL. "Ssh, callate y escuchá". Reproducir.
Es demasiado suave, eso sólo le pone musica de fondo a su incesante matraca. Next!
"Meditación guiada", vamos a ver.
ÉL me recuerda que nunca he podido meditar. "¡Cho! ¡Hacé silencio!". Reproducir.
Alguien habla en mis audífonos con una suave y cremosa voz, que me indica relajar parte por parte mi cuerpo, pero lo escucho más a ÉL, que se ríe de mi patético intento y me recuerda que ya moví los dedos del pie y que me pica la mano y la nariz y que además ya no estoy cómoda en esta posición. Next!
¿Ondas delta para dormir? ÉL no habla griego, le tienen sin cuidado. Porque "delta" es griego ¿verdad? Griego, dioses griegos, Percy Jackson... todos somos hijos de Poseidón porque venimos del mar... más temas de conversación para ÉL. En vez de acallarlo, le doy herramientas.
Y sigue su plática, que es casi ruido blanco y ya se mezcla con el canto de los pájaros madrugadores... Finalmente, con los primeros rayos del sol, decide retirarse. Pero va a volver con su acoso otro día. Así es ÉL.
Maldito insomnio.
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